builderall


Querido paciente virtual, hoy quiero traerte mi opinión sobre una buena noticia que finalmente ha llegado: el Rojo No. 3, un colorante artificial que ha sido objeto de controversia durante décadas, ha sido prohibido por la FDA. Un anuncio que debería llenarnos de alivio, pero que también nos deja un sabor amargo, al recordar cuánto tiempo tardó esta decisión y cuántas vidas podrían haberse visto afectadas mientras tanto.


Para muchos, el Rojo No. 3 es simplemente un número en las etiquetas de dulces, gelatinas, galletas, caramelos, cereales, helados, leches azucaradas, y muchos otros productos procesados alimenticios.


También es ampliamente usado en jarabes para la tos, vitaminas, suplementos  y medicamentos, y esto es algo de lo que raramente nos percatamos. Sin embargo, detrás de este pigmento rojo brillante se esconde una historia preocupante. Desde los años 80, estudios han vinculado este colorante con riesgos de cáncer en animales, lo que llevó a que fuera clasificado como potencialmente peligroso. El dato que más asombra, es que en 1990, la misma FDA prohibió el uso de este químico en cosméticos, pero permitió su uso en alimentos y medicamentos. Lo cual no solo es incomprensible sino tremendamente irresponsable, ¿Acaso la seguridad de lo que aplicamos en nuestra piel es más importante que lo que consumimos y damos a nuestros hijos?



El Rojo No. 3 ya estaba prohibido en muchos países como Japón, la Unión Europea y Canadá desde hace años, pero en Estados Unidos su eliminación quedó atrapada en un pantano burocrático y, probablemente, en la influencia de grandes industrias. La salud pública quedó relegada frente a los intereses económicos. Pensemos en los niños: los consumidores más vulnerables y, paradójicamente, los más expuestos. Golosinas, helados, bebidas azucaradas? ¿Cuántos de estos productos que llenaron las loncheras de nuestras escuelas estaban saturados de un químico tóxico?


Lo más triste de esta historia es que probablemente nunca sabremos cuántos problemas de salud pudieron haberse evitado si esta decisión se hubiera tomado antes. Cáncer, problemas hormonales, alergias, autismo, déficit de atención, infertilidad, problemas autoinmunes, efectos neurológicos? La lista de posibles impactos es larga, y los estudios apenas comienzan a arañar la superficie de lo que significa una exposición prolongada a estas sustancias. Esto no es solo un tema técnico, sino un recordatorio de lo frágil que es nuestra confianza en los organismos que supuestamente están ahí para protegernos. Se suponía que debían cuidar de nosotros, y sin embargo, esta sustancia permaneció en los estantes de los supermercados y farmacias durante décadas.



A pesar de todo, la prohibición del Rojo No. 3 es un paso en la dirección correcta, y debemos celebrarlo como tal. Es un testimonio del poder de la educación y la presión pública, de las voces que no dejaron de cuestionar, investigar y exigir un cambio. Pero este es solo el principio. No podemos darnos el lujo de bajar la guardia. La industria alimentaria está llena de aditivos cuyos nombres apenas podemos pronunciar, muchos de ellos con efectos potencialmente dañinos que aún no entendemos del todo. La lección aquí es clara: necesitamos ser consumidores más críticos y conscientes.


Quiero cerrar con una invitación personal, algo que como madre, amiga y miembro de esta comunidad considero vital: eduquémonos y sigamos leyendo las etiquetas. No dejemos que los colores brillantes o las promesas en los empaques nos engañen. Optemos por alimentos más naturales, menos procesados, y preguntémonos siempre qué es lo que estamos llevando a nuestra mesa. Hoy, celebramos este triunfo. Pero que sea también un llamado a seguir vigilantes, a exigir más de quienes toman decisiones sobre nuestra salud y la de nuestras familias. Porque, al final del día, nuestra mejor defensa es la información y nuestra disposición a actuar en consecuencia.


Gracias por estar aquí, por leer, y por ser parte de esta comunidad que se preocupa por su bienestar y el de los demás. ¡Sigamos aprendiendo y creciendo juntos!


Con gratitud,